Escatología y la mentalidad celestial

Introducción

Geerhardus Vos dice en su ‘Teología Bíblica’ que “La religión bíblica es completamente escatológica en su panorama.” Muchos de nosotros conocemos lo que dice el Catecismo Menor de Westminster: “¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre.” El fin y propósito de la existencia del hombre y de la obra de Dios en la redención es escatológico. La glorificación de Dios y nuestro disfrute de su gloria—de esto tenemos un anticipo, y lo veremos en su plenitud en el siglo venidero, en la consumación del Reino. La escatología es mucho más que tratar de adivinar cuál es la fecha de la venida de Cristo, o si la nación de Israel juega un papel mayor en las cosas del fin, o qué o quién es el anticristo. Al igual que el resto de la teología, nuestra escatología debe comenzar con Dios, no el hombre. Dependiendo de nuestro enfoque hermenéutico llegaremos a diferentes conclusiones escatológicas. Nuestro enfoque determina nuestra teología y cosmovisión, y en la misma forma, determina nuestra escatología. ¿Qué dice nuestra escatología sobre el Reino de Cristo? ¿Es terrenal o es celestial? ¿Debemos centrar nuestra escatología en la gloria de Dios en la redención por medio de Cristo, al igual que el resto de nuestra teología? ¿Qué dice nuestra escatología sobre el modo en que debemos vivir en la tierra?

En este artículo, haré un contraste entre diferentes escatologías, no viendo los distintos puntos de vista escatológicos, sino viendo su enfoque. No se pretende atacar alguna perspectiva escatológicaparticular, sino que busco que este artículo sirva para que consideremos si tenemos el correcto enfoque en nuestra escatología. Algunos de ustedes estarán en desacuerdo conmigo, les advierto, mas espero que lo consideren desde una persmectiva bíblica.

Escatología del miedo

Es algo común ver una escatología del miedo en las iglesias evangélicas. Aquellos que se aferran a esta escatología temen a lo que vaya a traer el futuro. Siempre están preocupados por si serán o no salvos cuando Cristo venga, y por cada evento que sale en las noticias. La especulación es su pan de cada día. “¿Quién es el anticristo? ¿Es ésta la  marca de la bestia? ¿Se irá Israel a la guerra otra vez?” y muchas otras preguntas pasan por sus mentes porque no tienen alternativa. ¿Es esto lo que nuestra escatología debe hacer que hagamos? No me malinterpreten, a veces no pensamos sobre el regreso de Jesús lo suficiente, pero hay una diferencia entre anhelar su regreso, y estar constantemente preocupado por todo evento político y colapso económico que ocurre en este planeta. También debemos examinarnos a nosotros mismos como si Jesús fuera a venir el día siguiente, no con temor desesperado, sino con sobriedad, porque nuestro pánico puede dirigir nuestra fe lejos de Cristo y hacia nuestras obras.

El Pentecostalismo puertorriqueño es muy dispensacional. Unos amigos míos me han contado sobre una joven en la iglesia Pentecostal, y surgió el tema del regreso de Jesús. Ella estaba ansiosa porque no sabía si estaba preparada para el rapto. El dispensacionalismo mezclado con el legalismo que se ve en muchas iglesias Pentecostales en Puerto Rico es una combinación mortal. Si no te conformas a las normas de la iglesia Pentecostal, no estás listo para el rapto, y sufrirás la gran tribulación. La ansiedad de la joven no es sorprendente, considerando este contexto. A ella le han lavado el cerebro con una escatología de miedo que le dice que si no obra lo suficiente para mantener su salvación, ella sólo está lista para ver al anticristo. Ahora, no es un secreto que siento disgusto por el dispensacionalismo, pero esto no es específicamente un ataque a ese sistema de interpretación. Es un ataque a una escatología que nos hace temerle al futuro en lugar de anhelar el regreso de Cristo.

Escatología del pesimismo

Esta escatología está relacionada a la del miedo en que se enfoca en las cosas que suceden alrededor del mundo y se preocupa sobre ellas todo el tiempo. La diferencia es que la persona con la escatología del pesimismo anhela la venida de Cristo, excepto que la razón de su anhelo es el querer escapar del mal que ve en el mundo. Algunos podrían adecuadamente llamarlo ‘escapismo’. Tiene casi el mismo nivel de especulación que tiene la escatología del miedo, buscando señales de la venida de Cristo en cada evento que ocurre alrededor del mundo. La ansiedad que surge de esta especulación, en vez de producir miedo, produce una especie de depresión escatológica. “Todo anda mal. Nada está bien. Quiero escapar.” No hay nada malo en ver al mundo y anhelar que Cristo ponga todas las cosas en orden. El problema es cuando nos enfocamos en las cosas terrenales tanto que anhelamos por el regreso de Cristo por las razones equivocadas, queriendo escapar de nuestras responsabilidades aquí en la tierra. En algunos casos, ese escape se parece más a una utopía en la tierra, que me lleva a la próxima escatología.

Escatología de la utopía

Aquellos que se aferran a la escatología de la utopía miran al mundo con una mezcla de ansiedad e híper-optimismo, y quieren cambiar el mundo a través de la influencia cultural. La diferencia entre la utopía de la escatología del pesimismo y la de la escatología utópica es que la primera utopía es simplemente un método de escape de los problemas que hoy enfrentamos, y la segunda es un ideal por el cual el creyente obra duramente. La influencia cultural es la manera por el cual el creyente quiere cambiar el mundo. ¿Está mal que los cristianos individuales tengan influencia en la cultura? De ningún modo. Yo animaría a cristianos individuales a que sean buenos en su llamado, sea en educación, en los negocios, en las artes, y hasta en la política, todo para la gloria de Dios. Aún así, debemos darnos cuenta que la influencia cultural no fue la manera en que Jesús y los Apóstoles cambiaron el mundo. Ellos cambiaron el mundo con el Evangelio. Nosotros no cambiamos la cultura para cambiar individuos. Proclamamos el Evangelio que cambia a individuos que luego cambiarán la cultura a su manera. Si queremos ver que nuestra cultura cambie, prediquemos el Evangelio, pero recordemos que Dios escoge si la gente y la cultura cambiará o no. El resultado de la predicación del Evangelio no está bajo nuestro control, está bajo el control de Dios.

Aunque estas tres escatologías tienen muchas diferencias, todas tienen algo en común. En la superficie, parecen como si no hubiera similitud alguna entre ellas, pero una mirada más de cerca nos hará ver lo que las hace similares. El enfoque de las escatologías del miedo, del pesimismo, y de la utopía es uno terrenal. La primera ve al mundo con temor a las consecuencias de eventos diarios. La segunda ve al mundo con pesimismo y ansiedad deseando escapar del mal que nos rodea. La tercera mira al mundo con híper-optimismo queriendo traer los cielos nuevos y la tierra nueva a través de la influencia cultural. Todas, empero, miran al mundo como su enfoque. El mundo se ha vuelto una venda a los ojos de muchos creyentes que no nos permite ver la gloria de Dios en la redención ni nos permite anhelar el regreso de Cristo como debemos. Esto nos lleva a la escatología final.

Escatología del cielo

El autor de Hebreos en el capítulo 11 describe la fe y hace una lista de gente de quien se ha escrito en al Antiguo Testamento como ejemplos de fe. Luego de tomar un buen vistazo sobre Abraham, él escribe also así como una conclusión temprana:

Conforme a la fe murieron todos éstos, no habiendo recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, las creyeron y las saludaron, confesando así que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Porque los que dicen estas cosas dan a entender que buscan una patria, y si ciertamente se acordaran de aquella de donde salieron, hubieran tenido tiempo de regresar, pero anhelaban una mejor, esta es, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, pues les preparó una ciudad. (Hebreos 11:13-16)

Las personas que aparecen en la lista del autor de Hebreos como ejemplos de fe esperaban el estado escatológico. Ellos deseaban algo más allá de lo que vieron aquí en la tierra. Sin embargo, esa fe les hizo hacer grandes cosas mientras estaban en la tierra. Esa fe no les hizo querer dejar atrás sus responsabilidades terrenales, sino hacerlo todo para la gloria del Rey de la ciudad celestial. Creo que Geerhardus Vos no pudo haberlo dicho mejor:

El hombre pertenece a dos esferas. Y la Escritura no sólo enseña que estas dos esferas son distintas, también enseña qué estimado de importancia relativa debe ser colocada sobre ellas. El cielo es la creación primordial, la tierra es la creación secundaria. En el cielo están las realidades supremas; lo que nos rodea aquí abajo es una copia y sombra de las cosas celestiales. Porel hecho de que la relación entre las dos esferas es positiva, y no negativa, no mutuamente repulsiva, la mentalidad celestial no dar lugar al descuido de los deberes pertenecientes a la vida presente. Es la ordenanza y la voluntad de Dios, que no aparte de, sino a base de, y en contacto con, la esfera terrenal el hombre obrará su destino celestial. Con todo lo bajo no puede suplantar lo alto en nuestros afectos. (Geerhardus Vos, del sermón Mentalidad celestial [traducción propia de ‘Heavenly-mindedness’])

A nuestro primer padre Adán le fue prometido el estado escatológico—la misma perfecta comunión que tendremos con Dios en la eternidad—para él y para sus descendientes con la condición de la obediencia perfecta. Menciono esto porque, como Vos lo pondría, la escatología precede la soteriología. Adán no necesitó salvación hasta que pecó. Mi punto es que desde el principio la Biblia mira hacia ese estado escatológico, aun cuando el hombre no necesitaba salvación. Adán falló, y luego Cristo vino para cumplir la obra de Adán por nosotros. Esto es porque Dios ha escogido glorficarse por medio de la redención de pecadores. Una mala escatología falla en tener en cuenta estas verdades, y desvía su enfoque fuera de la gloria de Dios en la redención. Falla en poner las categorías en orden. Una mala escatogía hace primordiales las cosas terrenales y secundarias las cosas celestiales, haciendo que las cosas celestiales sean la copia y sombra de las cosas terrenales.

Por esto escribí este artículo: para retarnos a tener una perspectiva celestial no sólo de nuestra escatología, sino también de nuestra vida. Quizás no nos damos cuenta, pero nuestra escatología afecta cómo vemos los eventos mundiales, la cultura, la vida cotidiana. En otras palabras, nuestra cosmovisión es, en cierto sentido, afectado por nuestra escatología. Fue Cristo quien nos dijo que buscáramos primero el Reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). Nuestra perspectiva sobre qué es el Reino de Dios afecta nuestro evangelismo y nuestra eclesiología. Si creemos que el Reino es terrenal, usaremos medios terrenales mara traer este Reino. Si escuchamos a Jesús quien dijo “Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18:36), no pondremos nuestra confianza en medios terrenales para atraer gente a la iglesia y mantenerla ahí, y en vez obedeceremos a Dios y usaremos los medios que Él nos ha dado para el crecimiento y la preservación de la iglesia—la Palabra y los sacramentos.

¿Cuál debe ser nuestro enfoque en nuestra escatología? El cielo, específicamente, Dios mismo. Él es nuestro más grande galardón, y el se ha ofrecido y se ha entregado a nosotros por gracia. Cuando tengamos nuestro enfoque en el cielo, todo se verá diferente (hablo según mi experiencia). Cuando miramos al cielo, vemos a Dios en su trono, soberano sobre la creación y la providencia, controlando todas las cosas para su gloria y nuestro bien. Vemos a Jesús reinando con el Padre en majestad, intercediendo por su pueblo. Vemos las promesas de Dios cumplidas en Jesucristo. Él reina hasta que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Cada vez que adoramos a Dios en el Día del Señor,  entramos a la misma presencia de Dios, un anticipo del siglo venidero. Nos unimos con los ángeles en adoración quienes cantan de día en día cantan “Santo, santo, santo es YHVH de los ejércitos”. Hay mucho más que podría mencionar sobre esta perspectiva celestial, pero eso tomaría mucho tiempo y espacio.

Todo se reduce a esto: el cielo debe ser nuestro enfoque. No estoy llamando al pietismo ni al escapismo, sino a la mentalidad celestial. Lo que estoy diciendo es que todo lo que hagamos aquí en la tierra debe ser hecho con fe, mirando hacia la ciudad de Dios, como hicieron los ejemplos de fe en Hebreos 11. Jesús dijo que toda potestad en el cielo y en la tierra le ha sido dada (Mateo 28:18). Él también nos prometió que estaría con nosotros hasta el fin del siglo (Mateo 28:20). Vivamos nuestras vidas sabiendo estas verdades, que Jesús es Rey y Él nunca se apartará de nuestro lado, y nadie podrá arrancarnos de su mano. También el Evangelio debe predicarse a todas las naciones. No podemos descansar hasta que el cuerpo de Cristo esté completo. Hagamos estas cosas sabiendo que al final del siglo veremos a Dios en toda su majestad, y le glorificaremos y gozaremos de Él para siempre en perfecta comunión.